SALVAR A LA COCA
¡¡Jó, qué nervios, qué prisas, qué peligros y, al final, qué
alegría pasó Amado aquél día!!
Resulta que La Coca recayó enferma a los pocos días de aquél
susto que nos dio, como os contaba hace poco.
Fue de repente. Mamá la había
ordeñado y el niño jugaba a pasar de un lado a otro bajo la panza de La Coca,
que comía su pienso tan alegre como siempre que Amado la hacía compañía. Era
verano, así que la vaquita le daba al rabo para espanar a las moscas, y al crío
le gustaba poner su carita al alcance de ese “plumero”, que le hacía cosquillas
en las mejillas.
De repente, como os decía, la vaca dejó de agitar el
rabo, dejó de comer, levantó la cabeza y dio un largo y lastimero mugido,
“¡Muuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu!”,
dijo, dobló las patas delanteras y se arrodilló, luego dobló las traseras y
lentamente se tumbó, miró al niño y vovió a mugir “Muuuuuuuuuuuuuuuuuuuu”,
repitió.
Amado salió corriendo (ya no
pararía de correr en todo el día)
-Mamá, mamá, que a la Coca le
pasa algo!!!
Ya Mamá entraba en el establo,
alarmada por los gemidos de la vaca, se acercó al animal, que estaba empezando
a echar espuma por la boca y las narices...
-¡Ay, Amado, qué malita se está poniendo!¡Y estamos
sólos tú y yo! ¿Cómo vamos a avisar al veterinario? Yo no puedo ir, con el
reuma que tengo casi no puedo ni andar.
-Yo sé donde vive, Mamá, voy corriendo.
-¿Cómo vas a ir tú sólo? ¿Y si
te pasa algo, te caes o cualquier cosa? Eres muy pequeño
-No soy pequeño, Mamá, ya
tengo 3 años y medio
-La verdad es que veo muy malita a La Coca, no sé
si aguantará mucho tiempo. Así que ve, Amado, vete a buscar al médico, corre,
corre!!!
Amado ya había salido pitando.
Con los mugidos de la Coca, también El Tenorio había dejado de pastar y estaba
allí atento a todo. Cuando vió salir corriendo al niño, corrió a su lado y le
adelantó, como diciéndole “monta, que te llevo”.
Amado comprendió que el burrito correría más que él,
se montó de un salto, se agarró a la suave crin y nunca se vió a un burro
correr tan rápido, si parecía un caballo de carreras. Tuvo que abrazarse al
cuello del animal para no caerse.
¡Corre, Tenorio, corre!
¡Guau, guau!
Anda, si El León también iba con
ellos, corriendo a su lado!!
El perro había decidido
acompañarlos al ver que iban con tantas prisas, para protegerlos de algún
peligro o por si necesitaban su ayuda.
Y vaya si la necesitarían.
Primero se encontaron con un
tronco que el vendaval había tirado en medio del camino.
El Tenorio saltó como un caballo
jerezano, Amado siempre abrazado a su fuerte cuello.
Luego resulta que el atajo que
habían cogido para llegar antes, pasaba por un río, pero había llovido tanto
los días anteriores,que el agua se había llevado la pasarela.
Y El Tenorio no sabía nadar.
-¡Guu, guau!!
Amado comprendió lo que le quería
decir El León. Se bajó del burrito y se montó en su querido perro, que se metió
poco a poco en el agua y pasaron al otro lado sin mayor problema, aunque algo
mojados, eso sí.
Y ahora era El León un caballo
corredor.
¡Corre, León, corre, corre!!
Tanto había llovido que el camino
por allí era un barrizal y al perro se le hundían las patitas y no podía andar.
Entonces saltó hacia las rocas de la ladera y de una en otra fue pasando aquél
trecho. Amado pensó que estaba volando.
Cuando el Veterinario vió llegar
a todo correr a un niño montado en un perro como si fuese un caballo, se frotó
los ojos pensando que eran imaginaciones suyas.
-¡Corra, doctor, corra!¡La
Coca está muy malita!
-Ya voy, hijo, ya voy. Lo malo
es que tengo la moto estropeada y tengo que ir andando.
-Hiiiii,hiiiiiiii!!
¡El Tenorio! En el último momento se había atrevido
a lanzarse al agua, que había visto que los caballo saben nadar sin necesidad
de aprender, así que pensó que él también podría nadar. Le costó mucho avanzar,
se sumergió todo su lomo, menos mal que no llevaba al niño encima, pero pasó.
-¡Móntese en el burrito, señor!¡Verá cómo corre!
Y
Allá que fueron los cuatro: El Veterinario en el burrito y Amado en el León,
que no era un león, era un perrito que se llamaba León. Bueno, nada de perrito,
menudo perrazo que era, parecía un león.
Volvieron por otro atajo que
pasaba el río por un puente. Era un poco más largo, pero no había que atravesar
el río a nado.
¡Corred,
corred, corred!
El veterinario creyó que estaba
soñando, le parecía que aquél burrito era un Pegaso alado, tanto y tan bien
corría El Tenorio.
Pero siempre pasa algo. Un rebaño
de cientos de ovejas estaba ocupando el camino un poco más adelante. El León
percibió su olor desde lejos y se adelantó a toda velocidad
¡Guau, Guau y guau!!
Se puso en medio del rebaño,
ladrando a uno y otro lado, y en un plis plas las ovejas se apartaron del
camino, que quedó libre justo cuando llegaba el burro a galope tendido.
Por fin llegaron a la finca, el
veterinario enseguida se dio cuenta del peligro que corría La Coca. Le puso una
inyección.
-Uf, hemos llegado justo a tiempo, ha sido un
ataque muy fuerte de una enfermedad muy rara. Con esta inyección está fuera de
peligro, ahora le voy a dar un tratamiento y en unos días estará completamente
bien. Luego le daré un remedio para que no vuelva a recaer.
-Menos mal que estaba usted en
casa
-Y menos mal que Amado llegó a
tiempo, si tarda un poco más no había nada que hacer.
-Pues yo llegué a tiempo
gracias al Tenorio y al León
Aquél día hubo fiesta en la casa para celebrar la curación
de la vaquita que toda la familia quería tanto.
Todos felicitaron a Amado, y todos acariciaron y mimaron a
los dos valientes animales que corriendo tanto salvaron a la Coca.
Esa noche La Coca soñó con que un ángel niño volaba por la
cuadra. El Tenorio soñó que ganaba una carrera de caballos y que el premio era
un aplauso de la familia. El León soñó que era un Perro Pastor de ovejas, el
mejor del mundo entero. Y Amado no soñó nada porque estaba tan cansado de tanto
cabalgar y de tantos nervios pasados, que su mamá le dio una tila y durmió de
un tirón.
FIN